El mundo es una prisión

“Dinamarca es una prisión. Entonces el mundo también lo es”. Hamlet. William Shakespeare.

 

«FATALISMO. Fil. El fatalismo es la doctrina de la necesidad. Según el fatalismo, todos los seres se hallan sujetos a leyes inexorables que determinan su destino de un modo necesario. El fatalismo equivale a la negación o anulación de los efectos de la espontaneidad de los seres vivos y de la libertad de los racionales. El origen del fatalismo se refiere a los más antiguos tiempos; ante la consideración de la propia finitud, el hombre, señaladamente en todos aquellos empeños en que ha visto malogrados sus esfuerzos, hase sentido llevado o arrastrado por una necesidad superior a su voluntad (fatum o ananké). En la concepción sombría y negativa del fatalismo, la Filosofía y la Religión, el límite de la inteligencia humana y el dogma han coincidido para atribuir, ya un poder desconocido, ya a una divinidad inexorable, leyes por igual impuestas a todos los seres, y contra las cuales es igualmente impotente la energía de los unos y la voluntad de los otros. El fatalismo implica la negación de los efectos de la libertad humana (V. LIBERTAD) en nombre de un poder superior a la voluntad (…)

El fatalismo se clasifica en: 1. Fatalismo propiamente dicho (fatum o necesidad ciega, fatalismo pagano o mahometano) 2. Fatalismo teológico (el destino identificado con la voluntad de Dios, fatalismo estoico y doctrina de la predestinación) 3. Fatalismo físico (influencia absorbente de las circunstancias exteriores, medio, clima, organismo, etc., fatalismo materialista) 4. Fatalismo psicológico (influencia avasalladora de los motivos, determinismo).»

Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano. Boston (Barcelona), 1887


 

Creo que no ha habido nunca representación gráfica del fatalismo como la que hizo consciente o inconscientemente el arquitecto veneciano, aunque en realidad más romano que ninguno, Giambattista Piranesi (1720-1778) al dibujar sus Carceri d’invenzione. Para mí, sus puentes, sus escaleras, sus vigas, sus columnas, sus poleas, sus puertas, sus cuerdas y por supuesto sus cadenas configuraron, como no se ha realizado jamás, conceptos abstractos como las cadenas causales de nuestra vida o los caminos que seguimos o creemos seguir en esta, hasta concebir una arquitectura metafórica de ese universo laberíntico que se nos aparece abierto y complejo pero que en realidad no supone sino un recinto cerrado del que no podemos salir, limitado por nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestra naturaleza, nuestro ambiente, nuestra formación o nuestro pasado. Las cárceles de Piranesi son la necesidad, el destino, la predestinación, la providencia, la herencia, como queramos llamarle. Son las paredes del castillo de Hamlet.

 

Todas las ilustraciones son detalles de la colección de Piranesi “Carceri d’invenzione”, editada por primera vez en 1750.

 

 

 

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