Una dama encontré en la pradera

 

La bella dame sans merci (1893). John William Waterhouse

«Una dama encontré en la pradera, de belleza consumada, bella como una hija de las hadas; largos eran sus cabellos, su pie ligero, sus ojos hechiceros. Tejí una corona para su cabeza, y brazaletes y un cinturón perfumado. Ella me miró como si me amase, y dejó oír un dulce plañido. Yo la subí a mi dócil corcel, y nada fuera de ella vieron mis ojos aquel día; pues sentada en la silla cantaba una melodía de hadas. Ella me reveló raíces de delicados sabores, y miel silvestre y rocío celestial, y sin duda en su lengua extraña me decía: Te amo. Me llevó a su gruta encantada, y allí lloró y suspiró tristemente; allí cerré yo sus ojos hechiceros con mis labios. Ella me hizo dormir con sus caricias y allí soñé (¡Ah, pobre de mí!) el último sueño que he soñado sobre la falda helada de la montaña. Vi pálidos reyes, y también princesas, y blancos guerreros, blancos como la muerte; y todos ellos exclamaban: ¡La belle dame sans merci te ha hecho su esclavo! Y vi en la sombra sus labios fríos abrirse en terrible anticipación; y he aquí que desperté, y me encontré en la falda helada de la montaña. Esa es la causa por la que vago, errabundo, pálido y solitario; aunque las flores del lago estén marchitas, y los pájaros callen.

La belle dame sans merci. John Keats (1795-1821)

Ofelia (1889). John William Waterhouse

Ido pero no olvidado (1873). John William Waterhouse

«Pues el apetito sexual insaciable que las trovas [medievales] prestan a las mujeres, la astucia y la duplicidad que se supone ponen en acción para saciarla, están mas de acuerdo con la visión de la Iglesia que la exaltación del amor y de la mujer [que describen los poetas del amor cortés]. Se admite desde la época patrística que la mujer, más débil física e intelectualmente que el hombre, es por esta razón también más débil desde el punto de vista moral, más sumisa a los apetitos del cuerpo, menos capaz de dominarlos. Es en este sentido en el que es la tentadora del hombre y un peligro para él (…)

La Iglesia dirige primero su mirada sobre el deseo femenino y teme sin cesar que el deseo masculino, que ciertamente no subestima, sucumba a la trampa que le tiende. No cree en la redención del deseo por un amor que lo transfigure, todo lo más en su neutralización mediante los vínculos del matrimonio y el cumplimiento del deber conyugal. Hace suyo el viejo adagio de los Padres: “Se pueden combatir todos los demás pecados, pero frente a la lujuria no se puede más que huir”»

El nuevo arte de amar. Michel Zink

Circe envidiosa (1892). John William Waterhouse

Tisbe (1909). John William Waterhouse

La hechicera (1911). John William Waterhouse
Circe ofreciendo la copa a Ulises (1891). John William Waterhouse

Pandora (1896). John William Waterhouse

Sirena (1901). John William Waterhouse

Náyade (1893). John William Waterhouse

John William Waterhouse (1847-1917) fue un pintor prerrafaelita inglés que ilustró temas clásicos y literarios. Prácticamente todos estaban protagonizados por mujeres seductoras e implacables.

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